Proferida por el Élder Melvin J. Ballard, de los Doce, el 25 de diciembre de 1925, a las 07h de la mañana, en una arboleda de sauces llorones, cerca a la orilla del Río de la Plata, en el Parque Tres de Febrero, Buenos Aires, Argentina.
Esa oración fue publicada en la revista Improvement Era (Tomo 4, Abril de 1926, p. 575-577), como un breve relato escrito por el Élder Melvin J. Ballard sobre la reunión de dedicación. Traducción hecha del original por Renan A. S. Silva.
Padre Nuestro que estáis en los Cielos, santificado sea tu Nombre. En el nombre de Jesucristo, Tu bien amado Hijo, nosotros, Tus siervos, nos acercamos a Tí en esta hermosa mañana de Navidad en este lugar apartado, en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, Sudamérica; en una tierra muy lejana de nuestro hogar en las montañas, pero en un país al que Tú has llamado de parte de la tierra de Sión.
Estamos muy agradecidos por nuestra llegada en seguridad, luego de veintiún días en los mares, sin un momento siquiera de enfermedad. Nosotros reconocemos que Tú has acomodado los elementos para nuestro bien, y que Tu cuidado protector ha estado sobre nosotros en nuestros viajes, tanto por tierra como por mar. Y por la salud y fuerza para trabajar por Tí y por Tu causa.
Estamos agradecidos por haber sido elegidos por Tu siervo, Presidente Heber J. Grant, para venir a esta gran tierra de Sudamérica, para destrabar la puerta para la predicación del evangelio para todos los pueblos de las naciones sudamericanas; para buscar por la sangre de Israel que ha sido mezclada entre las naciones gentiles, muchos de los cuales, influidos por el espíritu de recogimiento, se reunieron en esta tierra.
Pon Tu Espíritu en sus corazones, para que ellos puedan recibirnos, como mensajeros verdaderos enviados por Dios, para su salvación. Ayúdanos a trabajar por ellos con el mismo Espíritu en nosotros que Aquél quien amó tanto a los hombres que murió por ellos, para que podamos efectivamente “llamar, persuadir e invitar” a los hombres a venir a Cristo. Nosotros te agradecemos por los pocos que nos recibieron, y por aquellos por los cuales tuvimos la alegría de llevar a las aguas del bautismo en esta tierra. Que ellos sean los primeros frutos de una gloriosa cosecha.
Oramos para que podamos tener la oportunidad de presentar a Tu pueblo el mensaje que Tú nos enviaste a entregar: que ángeles, enviados por Tí, han visitado a la tierra en esta dispensación, trayendo a los hombres nuevamente el evangelio sempiterno. Que Juan el Bautista visitó al Profeta José Smith, sobre quien ha conferido la autoridad para bautizar. Que Pedro, Santiago y Juan lo ordenaron como un apóstol del Señor Jesucristo, y lo invistieron con las llaves del Santo Sacerdocio, con autoridad para bautizar con fuego y con el Espíritu Santo, y para organizar a la Iglesia de Jesucristo nuevamente en la tierra. Que Moroni, tu antiguo profeta en las Américas, visitó a José Smith, y entregó en sus manos las planchas que contienen la historia de los antiguos habitantes de esta tierra; y que por Tu poder José Smith tradujo los caracteres de las planchas, de los cuales obtuvo el Libro de Mormón. Y que él fue visitado por Tí y por Tu Amado Hijo, quien comisionó en las manos de José Smith una gran y nueva Dispensación del Evangelio para toda la carne. Nosotros estamos agradecidos por ser los portadores de esas buenas nuevas para los pueblos de las naciones sudamericanas.
Y también oramos para que podamos ver el inicio del cumplimiento de Tus promesas contenidas en el Libro de Mormón para el Indígena de esta tierra, quien es un descendiente de Lehi, millones de los cuales viven en este país, quienes han sido largamente oprimidos, y han sufrido a causa de pecado y transgresión, aún como los profetas del Libro de Mormón han predicho. Pero Tú inspiraste a esos profetas a prometer a sus descendientes que Tú irías sacar a la luz, en los últimos días, los registros de sus padres; y que cuando esos registros llegasen a sus hijos, ellos empezarían a creer, y cuando ellos lo hicieran, Tu favor regresaría a ellos; y entonces Tú recordarías las promesas hechas a sus padres, de que si sus descendientes se arrepienten y reciben el evangelio, ellos empezarían a prosperar y ser bendecidos en la tierra, y nuevamente serían un pueblo puro y deleitable. Oh Padre, que Tú Espíritu obre sobre ellos, y manifieste la verdad de esas cosas a ellos, que nosotros, y tus siervos que nos seguirán, compartamos nuestro testimonio de esas preciosas promesas a esa rama de la Casa de Israel.
Padre, bendice Tu Iglesia en toda la tierra; continúa a guiar aquellos a quienes Tú has llamado a liderarla con la sabiduría y poder para dirigirla en dirección al cumplimiento de su gran obra en la tierra. Sostiene a Tus siervos en su labor como misioneros en todas partes del mundo, para que ellos puedan tener la oportunidad y poder de amonestar a todo hombre de que la hora del juicio se acerca; y que Tú has ofrecido, por medio del evangelio, un medio de librarse de las calamidades que han de venir a toda la carne, si no se arrepienten.
Recuerda en misericordia a la “Esperanza De Israel”, la juventud de Tu Iglesia, quienes están por asumir responsabilidades en el futuro, que ellos puedan mantenerse limpios y sin manchas de los pecados del mundo; que puedan ser encontrados dignos de su herencia y dirigirse a su glorioso destino. Bendice aquellos que son sus pastores, los atalayas en las torres de Sión, que ellos puedan guardar bien el rebaño, y sean hábiles para alimentar con el pan de la vida a las ovejas y los corderos.
Presentamos para Tu amable consideración a los miembros de nuestras propias familias, de quienes estamos separados, quienes, ahora y en tiempos pasados, han sacrificado mucho para que pudiéramos llevar el evangelio a los hijos de los hombres. que la salud y la vida acompañen a cada uno, y que el buen ánimo que trae Tu Espíritu esté con ellos, y sobre todas las cosas guárdalos del pecado, y bendícelos con fe en Tí y en Tu evangelio.
Bendice a los presidentes, gobernantes y autoridades de estos países de Sudamérica, para que ellos puedan recibirnos amablemente, y darnos permiso para abrir las puertas de la salvación para los pueblos de estas tierras. Que ellos sean bendecidos en la administración de los negocios de sus varios cargos, que mucho bien pueda venir para el pueblo; que la paz prevalezca sobre estas naciones que Tú has hecho libres mediante Tus bendiciones sobre los valientes libertadores de estas tierras; que la rectitud prevalezca, y que la plena libertad para la predicación de Tu evangelio prevalezca. Detén el poder del mal para que no triunfe sobre Tu obra, sino que todos Tus enemigos sean sojuzgados y que Tu verdad sea triunfante.
Y ahora, Oh Padre, por la autoridad de la bendición y asignación de Tu siervo, el Presidente de la Iglesia, y por la autoridad del Santo Apostolado de lo cual soy poseedor, doy vuelta a la llave, destrabo y abro la puerta para la predicación del evangelio en todas estas naciones sudamericanas, y reprendo y ordeno que se detenga todo poder que se oponga a la predicación del evangelio en estas tierras. Y bendecimos y dedicamos estas naciones, y esta tierra para la predicación del evangelio. Y todo eso lo hacemos para que la salvación pueda llegar a todos los hombres, y que Tu nombre sea honrado y glorificado en esta parte de la tierra de Sión.
Ayúdanos a traer hombres para Tí y Tu Hijo, y apresura el día en que Él vendrá para reinar como Rey de Reyes y Señor de Señores. Y por todas tus bendiciones que traerán éxito a nuestra labor, nosotros atribuiremos honor, y poder, y gloria a Tí, por siempre jamás. Amén.