Proferida por Ezra Taft Benson, Presidente del Cuórum de los Doce, en 11 de enero de 1979, en la capilla de Limatambo, en Lima. Este texto es la transcripción de la versión oficial en español publicada en El Mensajero del Área Andina (notícias locales del Área), edición de enero de 1980.
Nuestro Padre Eterno, en el nombre de tu Amado Hijo Jesucristo, nuestro Salvador y Redentor nos acercamos a Tu sagrado trono en oración. Como puedes vernos, nuestro Padre Santo, estamos reunidos en esta hermosa Capilla como un grupo de Tus hijos, Tus hijos del convenio. Nos hemos reunido esta noche aquí, nuestro sagrado Padre, bajo circunstancias muy diferentes como líderes en esta gran nación del Perú.
Estamos agradecidos por este hermoso país, por sus montañas, por ríos, sus valles fértiles y por todas las riquezas naturales que tiene para nosotros. Te agradecemos Padre Celestial, por la Libertad de este país, y por la oportunidad de estar reunidos en tu nombre para adorarte, para instruirnos los unos a los otros y dar testimonio de la verdad, edificar la fe en cada uno de nosotros.
Nuestro Padre, te agradecemos porque viste necesario venir con tu Hijo Amado, y aparecerte al joven José en el Sagrado Bosque. Te damos gracias por José Smith, el profeta y nos damos cuenta, nuestro amado Padre, que Tu venida y la de Tu Amado Hijo es el evento más grande que ha ocurrido en este mundo desde la Resurrección del Señor Jesucristo. Nuestros corazones están llenos de gratitud al contemplar este evento y darnos cuenta de que estas grandes bendiciones que has dado a nosotros Tus hijos, han resultado en la Restauración de tu Evangelio Sagrado.
Te estamos agradecidos por la venida de los otros Mensajeros Celestiales que Tú enviaste, quienes fueron: Juan el Bautísta, Pedro, Santiago y Juan y otros Mensajeros Celestiales con otras importantes llaves que tenían que ver con esta Gran Obra en los últimos días. Te agradecemos por la plenitud del Evangelio Sempiterno, por nuestros testimonios personales, y por el mensaje de salvación que Tú nos has revelado en estos días. Nuestro Padre Celestial, te agradecemos porque el Evangelio se ha restaurado y Tú nos has dado responsabilidades como Tus humildes hijos para compartir este mensaje del Evangelio con todos Tus hijos. Te damos gracias por el gran espíritu del servicio misional. Te estamos agradecidos por los misioneros que vinieron a predicar el Evangelio a muchos de los que estamos aquí esta noche, y que también llegaron a nuestros antepasados en varios países. Padre, Te amamos y amamos a Tu Hijo, Jesucristo y el gran plan del Evangelio que ha sido revelado bajo la dirección del Señor Jesucristo, quien será nuestro Mediador, Salvador y Redentor.
¡Oh! Sagrado Padre, ya que se ha decidido como norma en esta tu Iglesia y Reino bajo la inspiración revelada del Cielo, que cada uno de los países y lugares del mundo en su momento apropiado sean dedicados, creemos que es apropiado que esta gran tierra del Perú, sea re-dedicada en esta ocasión. Nosotros hubiéramos preferido, nuestro amado Padre, que las circunstancias nos hubieran permitido habernos reunido en mayor número, pero estamos aquí reunidos con los líderes de las Misiones, Estacas y varias unidades de la Iglesia de esta gran nación. Estamos unidos en nuestro deseo de tener este país rededicado como una bendición especial a este Gran País. Padre, como Tus hijos, amamos la libertad, honramos y veneramos a los héroes que lucharon y se sacrificaron para traer la libertad a este y otros países en la tierra de Sión, en Norte y Sudamérica. Padre, ayúdanos a que como ciudadanos de este país hagamos nuestro deber como Tú deseas que lo hagamos, que reconozcamos que tenemos cuatro responsabilidades mayores, aunque por supuesto hay muchas otras:
1. Tenemos nuestra responsabilidad a nuestros hogares y familiares.
2: Tenemos responsabilidades con nuestro servicio en la Iglesia.
3. Tenemos responsabilidades con nuestros empleos y trabajos para mantener a nuestras familias porque Tú has dicho a nuestros Profetas que aquellos que no provean para los suyos son peores que el infiel; y
4. Tenemos responsabilidades como ciudadanos de este gran país.
Bendícenos ahora Padre, para que podamos dar nuestra proporción correcta de nuestro tiempo e interés en hacer nuestro deber en cada una de estas cuatro áreas de importancia. Bendícenos para que podamos interesarnos en preservar libertad y bendícenos Padre como ciudadanos de este gran país. Bendícenos tanto en nuestros hogares como a nuestras familias y te agradecemos por nuestros hogares y familiares, te agradecemos por los espíritus escogidos que has enviado a nuestros hogares, en preparación para la gran obra que se tendrá que hacer. Sabemos que estos son espíritus selectos que han sido separados para venir en estos días, en donde la maldad abunda y las responsabilidades son grandes. Estos espíritus se desarrollarán bajo el tutelaje correcto de sus padres para ser grandes hombres en Tu reino y para probar al mundo, tal como nuestra juventud lo está haciendo ahora, que es posible vivir en el mundo y no participar de los pecados del mundo. Como santos de los últimos días, bendíceles para demostrar a Tus hijos en todas partes las Bendiciones del hogar y la familia y las bendiciones de los sagrados Principios del Evangelio. Ayúdanos a enseñar el Evangelio por medio de nuestro ejemplo. Padre, bendícenos en el gran programa de la Obra Misional de la Iglesia. Estamos agradecidos por el trabajo que se ha hecho en esta gran nación, por tus fieles siervos, muchos de los cuales están aquí esta noche, Padre, como líderes con su responsabilidad mayor de desarrollar tu Reino aquí en la tierra en esta parte de Tu viña, y de empujar la Gran Obra Misional para que miles de personas puedan ser traídas al conocimiento del Evangelio. Te damos gracias por los resultados del trabajo de estos Tus líderes y sus colaboradores, por el gran aumento de bautismos, porque muchas fieles personas están siendo traídas a Tu Evangelio en grandes números. Te damos gracias por esta evidencia de Tus bendiciones a nosotros Tus humildes hijos. Esperamos que puedas seguir magnificando a estos Tus humildes siervos. Magnifícalos Padre, aún más allá, de sus talentos naturales si es necesario, para que lleven a cabo esta gran obra.
Padre, pedimos que bendigas a los líderes de esta nación, todos los que sirven en las posiciones cívicas tanto a nível nacional o local, toca sus corazones, ¡Oh, Padre! y ablanda sus corazones, que ellos tengan el deseo de cooperar con tus siervos para que sigan la obra aquí, y estén listos para apoyarlos en las necesidades que ellos tengan para predicar el Evangelio para la gente buena de Esta tierra. Padre, te damos gracias por todas las bendiciones que son nuestras como Tus hijos. Bendice a los misioneros, a los élderes y hermanas, a las parejas y a los adultos quienes están llevando el mensaje. Bendícelos con fe, con coraje y que puedan dar sus fervientes testimonios bajo la influencia de Tu espíritu, el espíritu de tu Amado Hijo Jesucristo, porque sabemos que es el Espíritu que toca los corazones de la gente.
Padre, que estás en los Cielos, no queremos multiplicar las palabras delante tuyo y nuestros corazones están llenos cuando contemplamos a los millones de personas en este gran país que todavía no han recibido el mensaje. Que los misioneros y los miembros de la Iglesia, que también son misioneros, tengan éxito en tocar los corazones de Tus hijos, que puedan recibir las bendiciones que nosotros tus humildes hijos disfrutamos en esta ocasión, por las que te expresamos una profunda gratitud.
Ahora Padre, Te damos gracias por todas las bendiciones que hemos recibido de Tus manos. Por la autoridad del Sagrado Sacerdocio de Dios y por la autorización de uno de Tus siervos, el Presidente Spencer W.Kinball, dedicamos esta tierra del Perú oficial y particularmente para la predicación del Evangelio y la edificación de Tu Reino y para el desarrollo de Tu Iglesia entre Tus hijos en todo lugar. ¡Oh Padre! estamos agradecidos porque tenemos la oportunidad y Tú nos has dado el privilegio de estar consagrados a Tu servicio. Al dedicar esta tierra para Tí, por medio del Sagrado Sacerdocio del Señor, por medio del Sagrado Apostolado y com portavoz de Tus hijos y de Tus amados líderes, Autoridades Generales, y al hacer esto dedicamos nuestras vidas y todo lo que tenemos y somos para el desarrollo del Reino y para que se propague el Evangelio en toda la Tierra. Todo esto lo hacemos en el Sagrado nombre de Tu Amado Hijo Nuestro Salvador y Redentor aún Jesucristo. Amén.